LEPTOSPIROSIS CANINA

La Leptospirosis Canina es una enfermedad zoonótica potencialmente mortal provocada por bacterias Gram negativas en forma de espiroquetas, del género Leptospira. Las diferentes serovariedades de Leptospira infectan una amplia gama de animales incluidos mamíferos, aves, anfibios y reptiles en todo el mundo. Algunas serovariedades de este organismo afectan a los perros y pueden provocar enfermedades renales o hepáticas potencialmente fatales.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la leptospirosis es reconocida como un problema de salud pública tanto para la medicina
humana como para la medicina veterinaria.

  • La leptospirosis canina es una enfermedad bacteriana duradera y potencialmente fatal que afecta principalmente riñones e hígado.
  • La enfermedad es propagada por la orina contaminada de animales infectados.
  • La leptospirosis puede ser contagiada a los humanos por medio de los animales (zoonótica)
  • Muchos animales además de perros y gatos pueden ser infectados por la Leptospira; animales tales como ratas, ratones, mapaches comadrejas, zorrillos, venados y armadillos son frecuentes visitantes de patios y jardines y contaminan con su orina el pasto, el suelo y el agua estancada o de lento movimiento (charcos, lagunas, lagos).
  • Los perros que viven en el interior pueden contraer la enfermedad de roedores infectados que recorren el hogar, la calle o el parque.

En consecuencia, todo perro está en riesgo de contraer la leptospirosis.

La leptospirosis canina se da en todas partes del mundo, pero prevalece en climas cálidos y húmedos; afecta a perros con múltiples y diferentes estilos de vida. Los perros de zonas rurales están en riesgo si nadan o beben agua estancada; sin embargo, los perros de zonas urbanas también pueden estar en riesgo por la presencia de fauna silvestre como mapaches, comadrejas, ratas y ratones, asi como por aguas estancadas muy cercanas a las viviendas. En consecuencia, los perros estrictamente urbanos pueden contraer la enfermedad de roedores infectados que se instalan cerca de casas y edificios.

Un estudio realizado entre 2006 y 2014 en la ciudad de Nueva York con 13 casos de leptospirosis confirmados en humanos y 116 casos confirmados en perros demostró que el 93% de los casos en humanos y el 58% de los casos en perros involucraban a L. icterohaemorrhagiae, una serovariedad de Leptospira comúnmente transmitida por roedores, asi mismo, se reportó la presencia de ratas y ratones en el 75% de los humanos y de los perros afectados.

Un estudio en Barranquilla, Colombia realizado entre 2007 y 2009 mostró la presencia de una Leptospira patogénica en humanos y en perros, asi como la cantidad de ratas y ratones que vivían cerca de ellos.

La leptospirosis es causada por espiroquetas (bacterias en forma de tirabuzón) móviles microaerofílicas del género Leptospira; estas espiroquetas son capaces de sobrevivir en suelo húmedo o en agua estancada durante varias semanas.

Los perros son reservorios de la serovariedad L. canicola, pero pueden verse afectados por otras serovariedades patogénicas tales como L. icterohaemorrhagiae, L. copenhageni y L. Pomona.

A partir de 1990, la leptospirosis canina ocasionada por la serovariedad L. grippotyphosa ha sido confirmada en todo el mundo. En Europa y en Japón, la serovariedad L. autumnalis ha sido vinculada a enfermedades en perros, aunque en muchas ocasiones se detecta por medios serológicos poco comunes utilizando huellas genéticas de ADN y detección de ADN por PCR o por aislamiento. Desafortunadamente, la serología tiene una validez limitada, dado que la reactividad cruzada a otras serovariedades puede complicar la interpretación de sus hallazgos.

La leptospirosis puede sobrevivir en agua dulce durante 16 días y en suelo húmedo hasta 24 días. Los perros se infectan cuando su piel raspada, conjuntiva o mucosas orales o nasales entran en contacto con orina infectada o bien con agua, suelo, comida y camas contaminadas de orina. Los perros también pueden infectarse al ser mordidos por un animal infectado o al comer desperdicios o tejidos abortivos de animales infectados. Las bacterias también pueden ser transmitidas a cachorros in-útero a través de la placenta de una madre en gestación.

Dependiendo de la severidad de la infección y la condición de inmunidad del perro, algunos perros infectados pueden no mostrar ningún síntoma de la enfermedad. Algunos perros pueden mostrar enfermedad leve y pasajera y podrán recuperarse siendo portadores asintomáticos, mientras que otros perros desarrollaran lesiones severas y aguda en riñón; así como hemorragias pulmonares, y muerte, con o sin daño hepático e ictericia. El tiempo entre la infección y la aparición de síntomas es variable, puede ser, entre una semana y varias semanas hasta que una infección crónica se haga evidente, dependiendo de las circunstancias de la infección, la respuesta del huésped y la patogenicidad de la serovariedad.

La leptospirosis afecta riñones e hígado, pero también involucra otros órganos tales como pulmones, bazo, células endoteliales, úvea/ retina, músculos esqueléticos y cardíacos, meninges, páncreas y tracto genital. El mecanismo exacto a través del cual la leptospirosis patogénica causa disfunciones y daños a los órganos no es conocido y puede variar de un órgano a otro.

Epidemiología – Etiología -Trayectoria clínica

Medidas preventivas:

– Mantenga bajo control la población de roedores.

– Evite dejar fuera de la casa alimentos para mascotas que puedan atraer mapaches, ratas, ratones y otros animales de vida silvestre.

– Procure limitar la exposición de su perro a aguas estancadas.

• Los niveles bacterianos disminuyen rápidamente después de una terapia con antibióticos; un tratamiento a tiempo evitará algún daño adicional a los riñones y promoverá una rápida recuperación.

• Puede que se requiera la hospitalización con terapia de fluidos IV y antibióticos.

• Aun con tratamiento, algunos perros sufrirán daño renal permanente y experimentarán progresiva insuficiencia renal o hepática.

Cosas que debemos recordar acerca de la leptospirosis canina:

Perros de cualquier grupo, edad, raza o sexo son susceptibles a la leptospirosis. Esta enfermedad es poco diagnosticada dada la amplia gama de síntomas no específi cos y los diversos grados de severidad, actualmente se ha dado gran énfasis en la relación entre el estilo de vida del perro y el riesgo de contaminación.

La leptospirosis canina no se limita a perros con un solo estilo de vida predominantemente “exterior,” es decir, todo perro que entra en contacto con orina infectada, está en riesgo.

En los riñones, la leptospirosis migra al intersticio, a los túbulos renales y al lumen tubular, causando nefritis intersticial y necrosis tubular. Las lesiones renales están generalmente asociadas con la presencia de Leptospira. La bacteria persiste durante varios meses en los túbulos renales proximales lo cual resulta en un desprendimiento continuo o intermitente en la orina.

La condición del animal puede progresar rápidamente y pasar de una función renal normal a una tasa disminuida de filtración glomerular y a una insuficiencia renal que requiere de diálisis. La insuficiencia renal generalmente se debe al daño tubular, aunque la hipovolemia sea secundaria a la deshidratación o a una permeabilidad capilar alterada.

• Prueba de Anticuerpos por ELISA de IDEXX® – proporciona un resultado cualitativo de anticuerpos positivo o negativo que indica la exposición a las cepas patogénicas de Leptospira sin precisar la serovariedad.

• Diagnóstico definitivo:

– El aislamiento de Leptospira de muestras de sangre, orina o riñón es la prueba confirmatoria definitiva, pero no está comúnmente disponible para un clínico en ejercicio. En lugar del re-aislamiento del organismo, los siguientes hallazgos son indicadores de presencia de infección:

• Un incremento de 4 veces o más en el título de micro aglutinación de anticuerpos (MAT) en el suero de Leptospira entre las muestras de suero de las fases aguda y convaleciente, determinado en el mismo laboratorio de diagnóstico. Los resultados MAT de magnitud > 800 en una sola muestra de un perro no vacunado pueden proporcionar alguna información acerca de la serovariedad etiológica, en función de la cual existe reactividad cruzada entre serovariedades. De acuerdo con un estudio reciente, los perros vacunados pueden mostrar títulos MAT variables que alcanzan 1.600 o más, especialmente dentro de los tres a cuatro meses postvacunación. Un título
único de > 3.200 es altamente sugestivo de una infección activa en un perro con síntomas clínicos consistentes independientemente de la condición de vacunación.

• Muestras de sangre, orina o riñón para la detección de ADN de Leptospira patogénica (PCR) deben ser tomadas, de preferencia antes del inicio de un tratamiento con antibióticos.
• Demostración post mortem de organismos Leptospira en tejidos por inmunofluorescencia directa.

• Otros hallazgos clínicos pueden incluir:

– Fiebre
– Dolor abdominal, renal, nefromegália
– Anormalidades oftalmológicas (uveítis, hemorragia retinal)
– Complicaciones pulmonares (tos, jadeo, hemoptisis)
– Arritmias cardíacas
– Insuficiencia renal (anuria, oliguria)
– Hemorragia intestinal y pulmonar; hematuria,
hematemesis y petequias
– Ictericia (principalmente por la
serovariedad L. icterohaemorrhagiae)
– Mialgia, dolor en articulaciones y rigidez
• Diagnósticos/pruebas de laboratorio en clínica:
– Análisis de orina: La gravedad específica disminuida y los indicadores de lesión tubular se presentan frecuentemente, incluyendo glucosuria, cilindros granulares y proteinuria de bajo grado.
– Hemograma completo: Anemia, leucocitosis caracterizada por neutrofilia y trombocitopenia
– Bioquímica: Azoemia (uremia), mayor nivel de enzimas hepáticas, hiperbilirrubinemia y desbalance electrolítico.
– Anormalidades en la coagulación: prolongación del tiempo de protrombina y del tiempo parcial de tromboplastina.
– Ultrasonido abdominal: riñones dilatados, dilatación de la pelvis renal, ecogenicidad cortical incrementada y acumulación de fluidos alrededor de los riñones.
– Pruebas de anticuerpos (ELISA) – Los anticuerpos pueden ser detectados en animales recién vacunados con cualquiera de las dos pruebas:
• Immunocomb Antibody Test Kit (BIOGAL);
El antígeno de prueba contiene Leptospira canicola, L.
icterohaemorrhagiae L. grippotyphosa y L. pomona. Esta
prueba es semicuantitativa con diferentes grados de
seropositividad, desde baja hasta moderada y alta. Los
resultados en esta prueba pueden ser comparables con los
resultados de dilución por MAT hasta 1:3200.
Los síntomas clínicos con frecuencia son vagos e inespecíficos. Anorexia, letargo y depresión son los más
predominantes; en casos no agudos de la enfermedad con frecuencia se observa renuencia al movimiento, dolor
abdominal a la palpación, vómito, poliuria, polidipsia y diarrea.
El hígado es otro órgano principal al que se orienta la Leptospira. Diagnóstico
La forma ictérica es frecuentemente descrita en casos agudos debido
a L. icterohaemorrhagiae la cual está vinculada a una evolución
progresiva severa y rápida de la enfermedad. Las principales lesiones
son la hepatitis colestásica y la necrosis hepatocelular.
Puede desarrollarse una hepatitis activa crónica o una insuficiencia
renal progresiva luego de la infección, que conduce a una deficiencia
retardada de los órganos en aquellos animales que sobreviven a
infecciones agudas.
[Foto: Boehringer Ingelheim prueba
de eficacia de L. grippotyphosa –
Inmunohistoquímica L. grippotyphosa
en el epitelio tubular renal de un perro
de control infectado. Prueba realizada
por la Universidad de Cornell – Dr. R.
Goldstein]
La leptospirosis canina no se limita a
perros con un estilo de vida “exterior”;
cualquier perro que entre en contacto
con orina infectada está en riesgo.

• La Ampicilina (22 mg/kg PO/SC/IV q6-8h) es utilizada inicialmente
en animales severamente debilitados y con vómito. La ampicilina
es eliminada principalmente a través de los túbulos renales;
consecuentemente se debe ajustar la dosis en animales azotémicos,
o se baja a la mitad o bien se duplica el intervalo entre dosis.
Una vez que se ha completado la terapia con penicilina y que
la azotemia ha sido resuelta, se debe administrar otra clase de
antibióticos para erradicar la condición de portador. La Doxiciclina
(2.5 a 5 mg/kg IV o PO q12h durante 2 semanas) es la opción más
frecuentemente utilizada en estos casos.
• La insuficiencia renal y las enfermedades
hepáticas son tratadas con terapia de fluidos
además de emplear otras medidas de apoyo
para mantener normal el equilibrio acido/base,
el equilibrio de fluidos y de electrolitos.
Tratamiento
• Otras medidas de apoyo pueden incluir antieméticos, protectores
gastrointestinales, aglutinantes de fosfato y medicamentos
hepáticos de soporte
• Se debe considerar la hospitalización con hemodiálisis
intermitente o reemplazo renal continuo para perros que
están sufriendo insuficiencia renal por anuria u oliguria a
pesar de recibir la terapia apropiada
Vacunación
Las vacunas contra Leptospira son consideradas vacunas no esenciales por las Directrices de Vacunación
de la AAHA y del WSAVA; se debe vacunar a los animales de manera individual en función del riesgo y de
la prevalencia de la enfermedad en la localidad. Las directrices de vacunación más recientes elaboradas por
el COLAVAC en América Latina consideran a la Leptospira una vacuna esencial, dado que la bacteria puede
sobrevivir durante semanas en el ambiente y son varias las especies de mamíferos que pueden ser infectados,
el riesgo debe ser evaluado tomando en cuenta cualquier posible exposición a la orina contaminada de
animales domésticos y silvestres, incluidas plagas urbanas tales como roedores. Muy pocos animales
tendrán un riesgo cero de exposición.
Generalmente no existe protección cruzada entre las
serovariedades de Leptospira, por dicha razón, existen
bacterínas comerciales para las serovariedades L. canicola, L.
icterohaemorrhagiae, L. grippotyphosa, L. pomona y L. australis.
Por lo anterior se recomiendan vacunas que proporcionen
protección contra serovariedades adicionales en áreas en las
cuales otras serovariedades están presentes. Es importante resaltar
que no todas las vacunas contra leptospirosis ofrecen el mismo
nivel de protección contra la enfermedad clínica, el daño renal o
la descarga urinaria y tampoco poseen la misma duración de la
inmunidad. En consecuencia, es importante revisar a detalle las
etiquetas y los envases de las vacunas.
Las vacunas deben ser administradas a las 8 semanas de edad o
más; de acuerdo con la etiqueta de la vacuna, con un refuerzo,
tres o cuatro semanas más tarde, y posteriormente de forma anual.
Algunos expertos recomiendan esperar hasta que un cachorro tenga
por lo menos 12 semanas de edad o bien que haya completado la
serie de vacunas esenciales para reducir el riesgo de reacciones
adversas a la vacunación. Si la mascota no regresa para el refuerzo
dentro de las seis semanas desde la vacuna inicial, la serie debe ser
reiniciada para asegurar la inmunidad.

Las pruebas serológicas de titulación para Leptospira carecen
de toda relevancia para la evaluación del estado de protección
por vacunación dado que la mayoría de las vacunas producen
títulos detectables bajos y de corta duración. Se ha demostrado
que los perros sin anticuerpos aglutinantes detectables, han
estado protegidos hasta 15.5 meses despues de la última
vacuna contra L. grippotyphosa y 14 meses posteriores de la
última vacunación contra L. canicola y L. icterohaemorrhagiae.
En consecuencia, el valor de los MAT es inadecuado para
evaluar el inicio o la duración de la inmunidad desarrollada por
la vacunación en perros.
Las pruebas de anticuerpos son excelentes herramientas para el
diagnóstico de enfermedades cuando se utilizan conjuntamente
con evidencias clínicas y otros resultados de laboratorio. La
prueba de los MAT es llevada a cabo frecuentemente con
una bacterína de varias serovariedades; en consecuencia, no
solo ayuda al diagnóstico, también, proporciona información
acerca de la serovariedad involucrada. Cuando los títulos de
anticuerpos para una sola serovariedad en particular están
elevados, > 1800, es común que se obtengan resultados
positivos para otras serovariedades de la misma muestra
de suero del perro. Esta reacción cruzada no significa que
muchas serovariedades hayan infectado al perro. El resultado
de la prueba con la más alta dilución debe repetirse para
confirmación. Diluir muestras de suero hasta obtener una
dilución de 1:6400 es importante para poder distinguir
correctamente el título más alto, aunque eso no se realice en
todos los laboratorios.
USO DE TÍTULOS DE ANTICUERPOS
Existen limitadas instancias en las cuales la
vacunación contra la leptospirosis no conduce
a una inmunidad activa:
• Como con cualquier otra inmunización, el estado
de salud al momento de la vacunación ejerce un papel central,
asi como el estrés causado por el destete o por nuevo hogar,
además del estado de nutrición, la parasitosis y los efectos de
otros fármacos o tratamientos (p.e. glucocorticoides orales o
parenterales) que disminuirán la respuesta a la vacunación.
– Las terapias con glucocorticoides a largo plazo y/o de altas
dosis, las cuales se dirigen a las células T tienen un rol central
en la inmunidad mediada por células, asi mismo en la posterior
activación de las células B (adhesión del patógeno) y en la
inmunidad humoral por producción de anticuerpos. Las dosis
grandes y repetidas (> 1.5 mg/kg o un total de 20 mg/día)
de glucocorticoides tienen un efecto altamente supresor
de la inmunidad.
• Si la enfermedad se manifiesta posterior a la vacunación, la aplicación
de la vacuna puede haber ocurrido durante el periodo de incubación
de la bacteria, o bien la exposición bacteriana ocurrió antes del inicio
de la protección resultante que pudiese ofrecer la vacunación.
• No todas las vacunas contra la leptospirosis ofrecen
el mismo nivel de protección.
• La serovariedad causante de la infección no siempre está contenida
en la vacuna que fue administrada.
Puntos clave para la vacunación de perros y gatos
siguiendo las Directrices 2016 del WSAVA.
• Las vacunas deben ser almacenadas en un refrigerador que
regularmente mantenga una temperatura constante a 4° C, la
cual debe ser monitoreada constantemente. Los productos
colocados demasiado cerca de un compartimento de
congelación pueden congelarse.
• Las vacunas congeladas en seco deben ser reconstituidas
inmediatamente antes de ser utilizadas y deberán desecharse
después de una hora si no fueron utilizadas en ese intervalo
de tiempo.
• No se debe mezclar vacunas en una misma jeringa salvo que
hacerlo esté expresamente autorizado por el fabricante.
• Es importante no reutilizar las jeringas, ni las agujas..
• Se recomienda no utilizar alcohol u otros desinfectantes en el
sitio de la inyección, ya que al hacerlo puede desactivar algunos
componentes de la vacuna.
• Es importante asegurarse de que el producto no esté expirado y
tomar nota del número de lote, asi como de los componentes de la
vacuna y del sitio de aplicación en la historia clínica del paciente.
FALLAS EN LA VACUNACIÓN
No todas las vacunas contra la leptospirosis
ofrecen el mismo nivel de protección contra la
enfermedad clínica, asi mismo, el daño renal y
el excreción urinaria, tampoco tienen la misma
duración de inmunidad comprobada.
La Leptospira es fácilmente eliminada por todos los desinfectantes
de uso común; sin embrago, dado que la leptospirosis es una
enfermedad zoonótica, los propietarios y trabajadores de las clínicas
deben tomar las precauciones apropiadas; antes de manipular perros
que bajo sospecha puedan estar contagiados de la enfermedad, se
deben utilizar guantes, asi como proteger los ojos y evitar exponer la
piel o las mucosas a la orina o a la sangre del perro.
En el hospital, los perros con síntomas de insuficiencia renal aguda
deben ser tratados como “sospechosos de leptospirosis” hasta que
se compruebe lo contrario.
• Se deben colocar etiquetas de advertencia en las jaulas
de los pacientes.
• Debe utilizarse equipo de protección personal cuando se manipule
a los perros, sus camas y sus fluidos corporales.
• Los pacientes deberán mantenerse en áreas designadas, las cuales
serán desinfectadas después de lavar la orina y los pacientes podrán
tener catéteres urinarios permanentes.
• Todos los lugares y artículos que estén en contacto con estos perros
deben ser apropiadamente desinfectados.
Los propietarios de los perros con Leptospira deben recibir
información acerca del aspecto zoonótico de la enfermedad. Los
propietarios y el personal del hospital deben utilizar guantes y
protección para los ojos, además de evitar exponer la piel o las
mucosas a la orina o la sangre del perro. Las mujeres embarazadas y
las personas cuyo sistema inmune se encuentre comprometido deben
evitar todo contacto con estos pacientes.
Si el propietario de un perro con Leptospira ha tenido contacto de
alto riesgo; contacto directo o indirecto con orina, sangre y tejidos
infectados durante la infección, incluyendo haber ayudado en el
parto de los neonatos antes de que el animal fuese diagnosticado,
la persona deberá solicitar el consejo de su médico. La leptospirosis
humana es una enfermedad de reporte obligatorio en algunos
lugares, como los Centros de control y prevención para las
enfermedades (CDC) en los Estados Unidos.
Descontaminación Hospitalaria Zoonosis

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